Diciembre se esfuma entre las flores y nos saluda con el brazo en alto para avisarnos que otro año ha llegado a su fin. Las petunias dejaron de existir hace rato: no soportaron el calor de noviembre ni los temperamentos cambiantes del viento sur.
Las mujeres que celebran su onomástico en este mes se deslumbran con trajes de baño llenos de colores. Parece algo necesario, aunque muchas aún no se animan a tirarse a la pileta. Tal vez sean sus cargas emocionales las que las condicionan. De lo contrario, no se entiende por qué su belleza permanece guardada en paquetes sin aberturas.
Ya casi es enero. Las mariposas liberadas en septiembre comienzan a mostrar sus curvas sensuales. Hasta las luciérnagas quieren tener protagonismo. Ayer pude ver una de ellas, con un vestido apretado y guiñando el ojo derecho.
Debe ser que intenta demostrar que está viva, o quizás se haya vuelto tendencia eso de seducir almas vulnerables con una luz en la parte trasera.