La noche también observa

Sigo caminando bajo este cielo estrellado. De a momentos siento prisas y, de cuando en cuando, también quiero quedarme observando la puesta de sol. No será una opción que cautive a muchos, pero personalmente he descubierto que puede acariciarme el alma por unos segundos.

Aunque no quiero jugar al visionario, mi estabilidad emocional me deja divagando. A veces, ni siquiera las más bellas rosas logran cautivarme. Tal vez sea eso por lo que he dejado de decirles lo hermosas que son.

Sé que puedo maravillarme con alguna de ellas, pero debe ser la artritis en las manos lo que me aleja de sus suaves pétalos. Siento que mis huesos deformes pueden lastimar su belleza.

Por unos minutos he bajado la cabeza para observar por dónde camino. Sé que las estrellas son fantásticas, solo que ya tropecé en varias ocasiones por observar esa magia titilante.

Un mosquito me avisa que ha llegado el momento de cerrar los ojos. Él me necesita totalmente adormecido. Sabe que hoy soy su presa fácil, pero yo me he quedado pensando en las rosas. Porque, por más que tengan espinas, siempre me queda la idea fija de que ellas pueden necesitarme cualquier noche.

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