Un mate cocido que se enfría sobre aquella mesa cuadrada de madera, testigo de peleas y encuentros. Una mujer cubierta de cicatrices que espera la llegada de la noche para volver a sentirse bella. Esa es la misteriosa escenografía que observo desde una ventana invadida por telarañas.
No es que haya sido ajeno a ese lugar; simplemente, esta vez pude escapar hacia la multitud para comprobar si todavía estaba cuerdo. Por un momento pienso que debería guardar silencio y no volver a pronunciar palabra. Sin embargo, la decadencia mental de las mariposas me obliga a gritarle al mundo que todos tienen la culpa.
La mujer se levanta de su silla maltrecha y camina hacia mí. Sabe que no podremos entrelazar nuestras manos. Tampoco darnos un beso, mucho menos un abrazo. Yo solamente podré observar cómo la sangre vuelve a brotar de sus cicatrices, mientras ella contempla mi rostro, detonado por el exceso de pensamientos.
Entonces cierro los ojos e imagino que aquel cielo estrellado que solíamos contemplar se ha mudado a un lugar donde ya no podemos encontrarlo. Ella necesita la oscuridad para sentirse plena; yo, en cambio, espero la llegada de la primavera para descubrir si esas mariposas cargadas de odio todavía son capaces de volverse dulces al beber el néctar de las flores amarillas.
2 comentarios en “La decadencia de las mariposas”
Muy buena forma de representar al dolor , capaz de hacer perder la cordura y el distanciamiento qué producen las heridas entre , los que en algún momento fueron algo más que conocidos.
Me gustó mucho el escrito, muy lleno de fuertes imágenes que llevan al lector a imaginar el cuadro ..
Muy buena metáfora para expresar que una relación ha finalizado y nunca volverá a ser lo mismo. Muy interesante y entretenida lectura
Pienso que cada uno interpreta la lectura según su experiencia de vida.