Alas Rotas en un Cielo Ingrato

Las gotas de lluvia pueden dejarnos empapados y también cubrirnos de melancolía. Tan ingrato se pone el cielo para algunas personas, y tan alegre se siente el jacarandá con sus flores lilas.
Envueltos en lodo, se observan a un par de pájaros carroñeros. Estos han querido sorprender al granjero, pero solo encontraron una defensa fabulosa. Ni siquiera las alas les han quedado sanas.

Debe ser fuerte la sensación para aquel que les brinda alimento podrido a ese tipo de pájaros, con sus manos en señal de reverencia. Ahora, al verlas totalmente aniquiladas, debe sentir lo mismo que aquel día en que intentó seducir a la luna, pero el cielo estaba nublado.

Será por eso que aún seguimos acá, llenándonos el rostro de agua. Debe ser una especie de higiene mental para nunca adoptar la mentalidad de esas aves que se alimentan de mentes sumisas y de personas que se arrodillan para ser perdonadas.

Durante estos minutos, la lluvia no ha cesado. Me divierte ver cómo una señora se sonríe mientras intenta matar una cucaracha con una bolsa de nylon destruida. También me deja pensativo observar a un muchachito intentando tapar la alcantarilla con un envase de gaseosa vacío.
Por momentos, siento que debería aparecer el granjero y darnos una lección de empatía, y enseñarnos cómo comportarnos cuando creemos ser los dueños de la verdad.

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