Casi normal

Por momentos la sangre se desparrama por el cerebro tratando de buscar un segundo de libertad. Es inaudito pensar, es inverosímil tener un minuto de paz después de haber tratado de seducir a veinte damas de cabellos pintados con color rosa.

En estos días todo ha sucedido entre los consejos de alguien que ha perdido la sonrisa y los dolores profundos de una señora que juega a ser adolescente en épocas de fraudes y mentiras.

Sé que nadie podría decirme que sentir o que pensar, pero no quiero negar que a veces es necesario un par de besos en la madrugada y un susurro profundo a la hora de la melancolía.

He prometido que no voy a hipnotizar a la rubia de la foto, ya no sueno creíble para esos artilugios, pero no creo contenerme antes esos labios pintados de la señorita que busca escaparse entre los frágiles cimientos de una relación peligrosa.

En ese andar que tienen las jornadas de inviernos me ha permitido aprender que el tiempo puede esperar y que las hojas de los árboles secos ya son nidos de algún pájaro voluntarioso. Seguramente podrán pensar que ya no soy el mismo, pero quiero decirles que aún le sigo temiendo a los gritos de los locos y a las musas que esconden sus tristezas en labios ajenos.

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