Cofradía añeja

Mentes piadosas que le van dando temores a los que intentan salir al espacio. Necesidades de herejes que buscan concientizar sobre el cuidado de un nido de víboras, y no son más que especuladores de sueños ajenos.

La demencia colectiva se va apoderando de muchos, no hay barreras que impidan la falta de interés sobre el otro, y de las desobediencias de mandatos de antaño.

Estamos totalmente despojados de los últimos sentimientos sinceros, nadie ha podido sobrellevar su autenticidad. Ahora alimentamos las hienas con sobres de sopa instantánea, y les dedicamos frases de amor a los idiotas.

Los perros salvajes no han cambiado, siguen siendo miserables como el primer día, parece que ellos se divierten sintiéndose de esa forma, pero no se han dado cuenta de que ya nadie se ríe de sus estupideces.

He volcado una botella de vino tinto sobre la mesa, con el dedo voy dibujando figuras de payasos tristes. Parece algo totalmente desorbitado para alguien que busca tener paz, pero no quiero sentirme parte de un círculo que se va cerrando con la sola idea de ver quien saldrá vivo. Por eso he preferido hacer ese tipo de ocurrencias, no quiero ser parte de sus decadencias mentales.

Mientras que sucede todo eso, veo como la marea de tiburones vegetarianos se acercan para pedirme dinero. Ellos no saben que todo lo que tenía en el bolsillo izquierdo de mi pantalón camuflado, me lo gaste en comprarme un cerdo que canta canciones de amor, y de luciérnagas que se apagaron por su propia envidia.

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