Los silencios de una hermosa mujer se mezclan con el perfume de una glicina florida.
Debería decirle que me cuente de su pasado, pero no quiero incomodar ese bello momento con las inquietudes que tengo guardadas en mi bolsillo deteriorado.
Ella sabe que le diré algo romántico y que también, en algún momento, le entregaré una rosa roja. No es algo fabuloso para este momento, aunque, seamos sinceros, ¿quién no soñó con ver esa sonrisa sensual desde una mejor ubicación?
Mientras veo cómo se va parando. Observo que. ni siquiera se ha llevado la flor. No tengo dudas de que su desinterés me ha hecho aflojar las piernas. Por eso, me he sentado en este lugar de siempre. Tal vez una estrella me ayude a entender por qué las sonrisas ajenas se escapan de los sonidos sinceros.
Ahora veo cómo ella se va alejando. Entonces, deberé reorganizar estos tipos de momentos.
Uno: Me estoy quedando sin flores.
Dos: Esa sensación de desilusión se incrusta en mi piel. Y aunque me sugieran que debo seguir, hay momentos en que el ambiente es muy pesado.
Al final, solo quedan un par de ojos extraviados por los sentimientos, los cuales ven escapar la belleza de una mujer por un ocaso tenebroso. Tal vez no la vea nunca más. O quizás ella vuelva para decirme qué debo hacer cuando todo esté en silencio.