Efímero

Desafío a la magia de la naturaleza para sentirme un poco más joven, no es algo que me produzca placer, pero por un segundo quiero observar a esa hermosa señorita con bastantes años menos.

Sé que saldrán las viejas amargadas a decirme que soy un estúpido, que ya viví esas épocas, que debo madurar, y que ya estoy demacrado para esos trotes. No voy a objetarles nada de eso, lo tengo demasiado claro a ese panorama. Pero si ustedes hubieran observado a esa muchacha, tranquilamente coincidirían con el pedido de este viejo.

Del vamos es una piba super simpática, un poco inducida por la tarea que tiene en su trabajo, y demasiado por ese carisma que lleva en su rostro. De nombres y signos astrológicos no puedo opinar, solo escuché su voz el día que me dijo “hola, que te vas a servir” y “es dos mil, más la propina”.

Me he negado a decirle alguna sutileza, con los años aprendí los que es un halago para uno, para esas señoritas puede una gran molestia, demasiado están cargando con un trabajo que solo sirve para pasar el momento.

En ese torbellino de imaginaciones, la persona que me acompaña interrumpe diciendo que es muy linda la chica, yo le afirmo que sí, que seguramente no debe estar contenta de ese laburo, pero lo necesita para pagar sus estudios, y para que nadie la mantenga.

De pronto me he quedado solo, el colega se ha ido. Ella sonríe, la miro con cara de más estúpido de lo normal, y pienso en lo dichoso debe ser su novio mientras camina de la mano junto a esa piba, porque no solamente es bella con las facciones de su rostro, también irradia magia por todo su cuerpo.

Ya es hora de marcharse, ella seguirá atendiendo a otras personas, mientras que yo la iré imaginando como se escapa de ese mundo frío; para mudarse a ese arco iris que se formó en la copa del fresno florido.

Quizás no la vea nunca más, o tal vez un día se ría de este viejo perdido, pero mientras eso suceda; Iré a buscar un dulce de durazno a lo de Claudio, será lo más cercano a la dulzura que hoy día pueda estar.

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