El pájaro que quería ser feliz

¿Qué será la felicidad? Me pregunta un diminuto pájaro que se balancea sobre un pedazo de lata oxidada. No tengo respuesta para el ave porque, en realidad, la felicidad es tan frágil que ni siquiera el que esté vestido con la ropa más cara la tiene asegurada. Auténticamente efímera y cruelmente anhelada por dementes, la prosperidad tiene aroma a perfume barato.

Aunque sigo obnubilado por la mirada del pajarito, sigo pensando en la desaparición de la señora que decía estar tocada por la varita mágica de las constelaciones y por los colores profundos del universo. Creo que ella podría responderle a mi nuevo compañero sobre el descontento y las fracasadas sesiones espirituales que le han fallado para ser una persona con buena onda.

De repente, la pequeña ave me mira enfadada. Me recrimina porque no le avisé que las mariposas tampoco son felices. Él pensaba que, porque se vestían de colores, andaban sonriendo de forma permanente. Traté de evadir su pregunta; tal vez, de esa forma, no le creaba un conflicto. Eso lo aprendí un día que me quedé esperando para charlar con la luna. Todo estaba pactado, pero ella nunca me avisó que no vendría.

Desconciertos, desaciertos y fundamentos poco concretos son los que he intentado darle a esa ave que desea ser feliz para toda la vida. Creo que él no me ha creído nada de lo que le he respondido. Pensándolo bien, qué triste debe ser que te hagan sentir feliz con un par de palabras que te convengan, si tarde o temprano sentirás que todo es pasajero.

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