Las mágicas palabras que sabías omitir en los días de verano casi han desaparecido. Solo han quedado las osamentas de un deseo sin cumplir y un puñado de sonrisas que pretendes usar el día que te enamores. Situación bastante complicada, ya que tu rostro no estaría conectado con tus sentimientos pasionales, mucho menos con tu corazón perforado por el desinterés.
Sabemos que no podemos atravesar juntos ese río hermoso que un día anhelamos cruzar sonriendo. Demasiadas noticias de incredulidad se han insertado en tu mente; es por eso que ya no te importa ese riachuelo florido. Es más, últimamente lo has catalogado como un lugar inapropiado para mentes libres como la tuya.
Aunque mi percepción se haya desinflado cuando estaba llegando a la meta, siempre pude observar colores fríos en tus ojos. No hacía falta que te vistieras de mariposa. Los dos sabemos que las flores resplandecientes solo aceptan la visita de insectos alegres y de abejas que se abanican con la hoja del ceibo.
Mientras sigo observando a la delicada abeja abanicarse, siento cómo tus pasos se van alejando. No te observaré. Tal vez sea mejor así. De esa forma, tus pensamientos vanidosos podrán ahogarse en ese río florido que ya no te interesa cruzar. Yo, por mi parte, prefiero que sigas sonriéndole a la vida antes de descubrir que no solo los pensamientos se pierden en la corriente.