El último día.

Sonrió y disfruto de los buenos momentos, tal vez fui cruel conmigo mismo y eso terminó pasandome factura. No crean que los payasos son siempre alegres, muchas veces se tienen que disfrazar de enfermeros para curar a los espantapájaros.

Mientras el conejo de la suerte me hace señas de que está todo bien con su patita izquierda. He decidido aventurarme en nuevos rumbos, tal vez sea mí inmadurez de la que tanto hablaron o el olor a tranquilo que siempre tuve; lo que me impedía sonreír libremente.

Mis miedos han ido cambiando de sintonía y eso también me permite descubrir nuevos sonidos. Palabras bonitas de alguna musa hermosa o alientos agradables de amigos que nunca aflojan.

También Creo que es imposible conquistar corazones todos los días, pero me divierte mucho la cara de espanto de esas mujeres bonitas que siempre me ignoran.
Sería más sencillo que me dijeran que les apesta mi presencia, antes que un «no sé si pueda»

En algunas ocasiones suelo ser tierno, sensible y también visceral con mi lengua. Aquel que me conoce íntimamente no tendrá duda de lo que voy relatando, es más, creo que ser sincero te aísla de gente boluda.

En este momento estoy con los pies muy lejanos a la tierra, de acá se ve todo hermoso. Me agradaría poder sentir la brisa fresca sobre mi rostro,, es lógico que si eso sucede; se perdería la magia que estoy viviendo en este instante.

Muy pronto volveré a la realidad, sé que habrá mucha gente corriendo, algunos estarán sonriendo y tal vez algunos ya estén muertos.

Aunque te cueste creerlo, hoy me siento más feliz que otros días,. Vos dirás que es por la moneda brillante que llevo en el bolsillo.
Yo te diré que es por haber aprendido a disfrutar que hoy puede ser el último día.

Compartir
Compartir
Compartir
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *