Generación extraviada.

Los canarios enjaulados han arrasado contra esa generación que jugaba a cambiar al mundo. Muchos de ellos se disfrazan de cocodrilos intimidatorios, pero son acompañados por su progenitora para que no se le burlen de sus disfraces.

Qué apesadumbrado debe sentirse aquel que rompía los pantalones en señal de protesta, sabiendo que ahora esos modelos cotizan en precios desconsiderados en las mejores casas de moda.

No creo que haga falta que busquemos culpables de esas situaciones. Deben ser pocos los estúpidos que se culpan de haber hechos las cosas al revés. Del vamos, ya nos olvidamos de los consejos que nos solían dar aquellos viejos llenos de cicatrices.

Parece irrelevante esta situación para el cuervo que trata de comer nuestro cerebro de forma constante, pero no se imaginan la tristeza que carga esa paloma vieja cuando le toca ver esta realidad.

Estamos sobreviviendo sobre majestades llenas de intelectualidades baratas y de preámbulos inventados por señores que nunca se metieron en el barro, o en el corazón de una madre que le corría el sudor por sus arrugas antes de morir.

Somos los que inventamos un mundo de variedades. Parece poco, pero nunca valoramos que todo eso nos hacía sentir seres llenos de alegría. No es por nada, fuimos tan fuertes que muchas veces desafiábamos a la muerte, y jugábamos con las llaves de la libertad de aquel mundo desconocido.t

Ahora estamos adormecidos esperando que llegue la parca, nos da miedo una enfermedad, y los avisos de cobro de la tarjeta de crédito. Somos siervos temerosos pidiéndole perdón a ese canario disfrazado. No sé si llegaremos a cambiar y poner en practica todo aquello que nos tocó ir aprendiendo. Solo pido que podamos recuperar un poquito de esa alma llena de rebeldía. 

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