Gracias

Se dice que siempre debemos dar las gracias por las ayudas que recibimos. Seguramente ese pequeño acto de manifiesto ha sido inculcado por nuestros padres o por algún viejo extraviado que ese día había quedado acéfalos de sonrisas.

Lo cierto es que ese pequeño, o gran acto de benevolencia se ha ido propagando con el tiempo hasta lograr que hoy en día nadie sepa definirlo con palabras, sino que solo sea una costumbre que adoptamos por enseñanzas

En esa estupidez que nos caracteriza a los que cambiamos un vaso de whisky por una taza de té verde, pensamos en lo diáfano que tiene esa hermosa palabra y en lo vapuleada que se encuentra por algunos admiradores de aquellos payasos que sonríen a cambio de algo.

Dar las gracias no debería ser algo que nos produzca vergüenza, saber reconocerle al otro esos pequeños momentos de conversaciones o de abrazos muy apretados, es de alguien más que inteligente. Sería algo deslumbrante para los ojos ajenos y disfrutaríamos muchos sentir que por nuestras venas no solo corre sangre, sino también un sinfín de buenas actitudes que alguien está necesitando.

En ese pesimismo que fui alimentando después de vivir varias secuencias con personas desconsideradas, es que prefiero ser muy sincero cuando te palmean el hombro o te dicen “mi hermano del alma”, No es que no crea en los fantasmas, solo que me deprimo cuando muestran sus hilachas.

Obviamente no se pretende que doña Rosa o de Juan nos llenen la heladera de bondades, sino que las nuevas raíces puedan entender bien ese hermoso acto y no terminen siendo pequeños sonámbulos de un mundo que va perdiendo la magia.

Compartir
Compartir
Compartir
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *