Herido

El caniche está gritando, una enorme camioneta ha pasado sobre su diminuto cuerpo. Parece mentira que en un par de segundos la desgracia se ha hecho mella de ese pobre animal.

Las alarmas del barrio no han podido hacerse eco del acontecimiento. Ellas aún están preocupadas por la falta de cordura, y de las promesas inconclusas de los administradores del bien.

Sentada en un balde vacío de pintura está una señora vociferando lo que deberían haber hecho los existencialistas. Parece que los días de calor la ponen de mal humor, pero en el invierno también recuerdo haberla escuchado tirar palabras pocas amorosas a la gente que da abrazos.

Ha pasado más de una hora y el caniche ha dejado de gritar. No vamos a negar que le duele bastante, pero su lealtad hacia el dueño hace que tenga que fingir que está gozando de buena salud. A su amo eso poco le importa, él ha preferido darle gritos de improperios por ser un perrito desobediente.

De pronto siento gritos desesperados. La señora que estaba sentada le dice en voz alta a Dios; que ella no puede ser discriminada por meterse en lo que no debe, y que va a mostrar las pruebas totalmente fehacientes de que ella siempre tiene razón.

Eso al caniche le ha causado tristeza, no solo que tiene que aguantar el dolor que le ha causado que le pase por arriba una mole que pesa más de tres toneladas, sino que ahora debe ponerse de rodillas para pedir por el alma de la señora narcisista.

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