Hermosa.

Nos volvimos a encontrar, ella radiante como siempre. Eso sí, la vi un poco extraña, tal vez sea la rutina, o alguna herida que aún no ha superado.

He tratado de no ser molesto con esa hermosa mujer, no quiero prometerle flores de colores, y tampoco dibujarle sonrisas en la espalda. Porque sería ilógico pensar que con solo eso; ella pueda llegar a ser feliz.

Tampoco que sea un experto en miradas perdidas, pero me he dado cuenta que ella por las noches no hay sueños que calmen su cansancio. Quizás sea la plenitud de sus días, o la necesidad de demostrarle al mundo que ella podrá sin la ayuda de ningún farsante.

Ella tiene nombre, pero se esconde en el anonimato, tal vez por miedos, o por la velocidad en la que transcurre su vida. No debe ser para nada fácil saber que es hermosa en un mundo convulsionado, donde se compara a la gratitud; con un obsequio prestado.

Cuando hablo de hermosa no es que exagero, porque vale aclarar que lo que deslumbra de esa mujer, es su suavidad al emitir palabras, y la sinceridad con la que maneja sus encantos.

Es probable que un día de primavera tenga nuevamente la dicha de percibir su fragancia a pétalos húmedos. No es que sea un anhelo, solo siento que las damas hermosas no saben de maldad, y de mentiras trilladas.

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