Imprevisto

Su nombre personificaba a la luna y su mirada era un infierno que podría llevar al letargo a cualquier ser humano. “Llamarla hermosa sería poco”, frase que solía decir el viejo que vendía las primera naranja del cajón para cautivar a sus clientes cuando el fruto era de excelente calidad.

Con algo de timidez le pedí unas palabras para amalgamar el frío del lugar con el calor que ella producía con su mirada. No pueden imaginarse la dulzura que tenía su voz y lo estúpido que se me puso el rostro cuando ella me dijo “lo intentamos de vuelta” Por mi intuición no debería haber tenido más de treinta años y con algo de seguridad sobre lo que percibí, su piel era perfumada con lociones que no hablan en castellano.

De pronto sucedió lo que menos esperaba. Ese momento que parecía un cuadro del mejor pintor inspirado, fue interrumpido por un caniche blanco con una cresta punk y un morral colgado que decía “Dios te da, Dios te quita” Obviamente que la señorita descrita con anterioridad se abalanzó sobre el “hermoso” animal y lo cobijó en su pecho para brindarle todo su amor.

No conforme con lo sucedido, el perrito ternura me guiñaba el ojo derecho en señal de burla. Como pude trate de salir airoso de esa incómoda situación diciendo “¿Por acá cerca venderán alimento prémium para mascotas?” Ya poco importaba el perfume de la dama bella, cuidar a ese “noble” animalito podría catapultarme directamente hacia el corazón de esa hermosa señorita.

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