Individualistas

Ruidosas cadenas se acercan hacia el cuello de un payaso triste. Parece algo ocasional que eso suceda, pero es la falta de gratitud lo que lo ha llevado a tomar esa drástica decisión. 

A no menos de cincuenta metros están pidiendo paz por el mundo, y en la vereda de enfrente dicen, que deberíamos dejar de sentir dolor; para convertirnos en seres totalmente bienaventurados. 

Mientras que el racimo de uvas blancas que sostengo en mis manos se va desgranando muy lentamente, siento que el cometido ya está logrado. Ese hombre vestido de traje azul, y con sus cabellos pintados de rojo ha dejado de respirar. 

Nadie pudo hacer nada, ni siquiera esa señora que siempre tiene la receta mágica para curar el mal de amor. Mucho menos pudo hacer el encargado de organizar las caminatas para alabar al sol, y decirle cosas bonitas a la luna. 

Ese tormento le durará toda una vida a los más cercanos. Para los demás solo será un desconsuelo ocasional que no durara más de una semana. Se culpara al sistema de no implementar nuevas políticas de salud, y se destilara odio al primero que piense distinto.

No han pasado más de dos minutos de ese trágico momento, ya no me quedan más granos de esa uva deliciosa en mis manos. Solo son pedazos de palos que me lastiman al apretarlos. Me desespera observar como esa progenitora está con sus rodillas clavadas en el suelo buscando una explicación. 

Como siempre faltaran palabras y actitudes para consolarla. Porque será más fácil pensar en que el tiempo debe curar esas heridas, y que los demás deben encargarse de cumplir nuestra parte afectiva. Ya que siempre indicamos lo que los demás deben hacer, antes que calmar el dolor del alma de ese que la está pasando mal, con una charla, o con un… Buen abrazo.

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