La felicidad

Estoy observando una frondosa trinchera de árboles gigantes y deseo enormemente saber qué hay del otro lado. Entre que yo imagino toda esa situación, un vendedor de pastelitos dulces trata de poner todo de él para poder llevar una moneda a su hogar.

La impronta que él utiliza para comercializar su producto puede asemejarse a la caza de un felino. Observa al cliente de forma sigilosa, cuando siente que su presa está desprevenida, esboza una sonrisa y su arsenal delicioso que lleva dentro de una canasta de mimbre.

Yo he seguido mirando al más alto de los árboles que tiene ese lugar, y me pregunto en soledad donde estará la felicidad. Eso se ve interrumpido por un pequeñito de no más de nueve años, este baila de forma solitaria una canción tropical que suena en un viejo parlante. A él no le importa si alguien lo observa, solo se desplaza tirando pasos libremente por el verde del parque.

“Tiene la edad justa para ser feliz”, dice la inscripción del cartel que esta al costado del nene. No creo ni en duendes ni en aparecidos, pero que gran estímulo de optimismo me está provocando ver ese muchachito bailar. No sé quién lo puso ahí, pero acaba de levantar mi ánimo de forma repentina.

Parece que lo mismo le ha sucedido a la señora que vende aceitunas para hipertensos. Su tarde venía de capa caída, pero al observar la magia que emana ese chiquito, se le ha llenado la cara de sonrisas. No creo que eso aumente las ventas, pero ella se llevara una cuota de optimismo en el bolsillo de su delantal blanco.

Realmente no sé cuál será la edad donde somos felices, o cuál es la motivación que nos provoque lograr ese estado. Ya que para algunas personas es tener su auto 0 km, para otros es una ducha caliente, y en otros casos es un plato de comida.

Mientras sigo descifrando en que época de ventura me encuentro. El niño bailarín ha dejado su danza, ahora se come un choripán lleno de aderezos, y se sonríe de las ocurrencias de un viejo. Es ahí que me doy cuenta de que la edad no es algo que influya con la satisfacción. Son los mandatos, y el estrato social que nos imponen para ser mejores personas, lo que nos obliga a comprar felicidad a cualquier precio.

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4 comentarios en “La felicidad”

  1. Pienso que la felicidad la conforman instantes , momentos. Esos momentos en los que estamos en paz y disfrutamos las cosas más simples como ver a un niño bailar.
    La felicidad tiene que ver con una decisión. Si hoy decides ver todo en modo negativo, no podrás apreciar las cosas bonitas que pueden haber detrás de la arboleda. Pero si a pesar de las tribulaciones decides buscar lo bueno en todo, podrás ser feliz apreciando cosas que antes no podías ver.
    En este instante decido ser feliz y eso me da paz. Cada vez que decida esto, atesoraré momentos de felicidad para recordar. Al final si esos momentos pesan más en mi balanza, diré que tuve una vida feliz.

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