Una mariposa y una flor

De pibe imaginaba unir muchas escaleras para lograr tocar el cielo, de grande pensaba que uniendo muchos brazos podríamos atrapar mariposas de colores durante las tardes de primavera.

Que iluso fui en pensar todo eso, no me había dado cuenta de que todo era mucho más sencillo. El cielo estaba muy cerca de mis manos y las mariposas terminaron siendo más hermosas libres; que verlas atrapadas dentro de un frasco de conservas.

Hablando de ese bello insecto, me han aconsejado que no siga pensando en ellos, muchos menos en esas flores que son inmunes al amor. Podría ser que tengan razón, tantas veces las tuvieron y yo tantas veces que me he equivocado; que quizás nunca pueda llegar a empatar a todas esas recomendaciones recibidas.

Obviamente que podrían ser caprichos o ideas de puro delirante, pero en este último tiempo he preferido observar que las mariposas se hagan las disimuladas, a que me contesten de forma negativa con su cabeza.

Parece algo controversial, de momento alabó su belleza y en otras ocasiones veo su crueldad, pero la verdad que me divierto bastante cuando ellas buscan camuflarse detrás de una flor para no dar pena. Obviamente que las bellas flores no se quedan atrás, muchas de ellas  solo esperan gratitud, para luego taparse con sus pétalos para no omitir palabras.

Demasiadas situaciones para una tarde de otoño y exagerados pensamientos que muchas veces me hacen colapsar. Es por eso que prefiero seguir siendo anónimo y sin un cobre en el bolsillo, a que me hagan creer que la mariposa nunca fue gusano, y que las flor amarilla nunca fue su cómplice. 

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