Mentiras

El regreso suele ser algo confuso, por momentos nos miramos directamente a los ojos con esa persona que nos gusta y buscamos algo de paz en el cielo.

Es ilógico pensar que no extrañaremos nunca los lugares mágicos que nos hacen sentir libres y a las mujeres con perfumes agradables que muchas veces nos roban el corazón.

A varios kilómetros de distancia me esperan personas maravillosas, también hay algunas medias estúpidas. A veces suelo sentirme cómodo con estas últimas, ellas me permiten sacar la alegría que tengo guardada en mi mochila color verde.

Por las dudas tomé recaudos, he cargado varios kilos de amor en este pequeño equipaje, siento que va a ser necesario para poder continuar con esta vida media confusa que estoy trasncurriendo.

No creo que me espere ninguna seductora dama cuando llegue, tampoco estará el conejo de la abundancia jugando a ser Dios. Hoy él está ocupado tratando de que varias ratas puedan ayudarle a que aumente su poder adquisitivo, pero tristemente todo ha cambiado para ese pobre animal.

Mientras la señora de cabellos teñidos niega que la mentira tenga que existir, el señor de baja estatura; y con un pequeño aro en su oreja izquierda le comenta que mentir es parte de nuestra idiosincrasia cotidiana. Que mentir alegra a las almas deprimidas.

Han pasado minutos de mi llegada, alguien tiene la cara desfigurada, otros se ríen de manera burlesca. Parece que la fiesta que estaba preparada se ha suspendido por falta de público.

Siento momentos dolorosos y caras desfiguradas, ya no están los que mentían, tampoco las ratas subordinadas. Ellas, se han quedado silenciosas y de rodillas. No pueden salir del asombro, el conejo se está cocinando al spiedo y temen que ahora les pueda tocar a ellas.

En un momento me detengo y pienso para que regrese un domingo, hubiera preferido sentarme frente a frente con una hermosa señorita de cabellera abundante para que me cuente que la mentira es tan inofensiva, como lo es una cucaracha metida en el interior de una desordenada cocina .

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