Momentos

A la señora obesa poco le importa si los demás la miran. Ella está golpeando su panza con la mano en señal de desconcierto. De lo que si me he sorprendido es ver como la piba que recién ha terminado su vigésimo tatuaje, se desvive por mostrarle a su amiga lo bien que le ha quedado.

En este torbellino de incertidumbre colectiva, veo como la ciudad se hace confusa. Hay olor a pescado podrido y a zapallos en almíbar, una mezcla rara de fragancias y de sensaciones desconocidas, pero todo eso hace que los perros llenos de miedos no se acerquen a observarles las partes íntimas a las palomas.

Sin que nadie se dé cuenta, ya es marzo, el último adoquín que fue testigo de los maltratos que recibió una mora centenaria; ha sido llevado hacia la oficina del ente que regula los buenos pensamientos. Él deberá contar lo que ha visto, y hacer silencio de los momentos en el cual fue sobornado.

Mientras observo como la fama se lleva por delante a una señorita llena de dudas. Unos operarios colocan un cartel con la foto del adoquín. Me impresiona como esta de cambiado, lo peinaron con gel traído del olimpo, y está vestido con un traje confeccionado con monedas de plata.

Ese momento de sorpresa se ve interrumpido por el sonido proveniente de un señor que va orinando por la calle. Él, como la señora obesa tampoco tiene reparo en mostrarse genuinamente, salvo que este último está vestido con una camisa blanca y una inscripción en el costado izquierdo.

Es justo en ese instante cuando una anciana me pregunta si los aviones que van para el norte tienen la parada en la esquina. Muy serio, y de forma respetuosa le respondo, “no señora, acá para el cohete que hace la tele transportación hacia Japón”, ella se ríe dulcemente, y me responde, “no seas iluso nene, Disney está a la vuelta de la esquina, y Japón en lo más íntimo de tu hermana”

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