Mutación

Mientras que la mariposa le habla mal del colibrí a la oruga. El ciempiés le declara una poesía de amor a la rana. Sabe que será la cena de ella, pero a él le hace feliz recitar sus prosas que escribió en primavera.

Eso nos demuestra que no somos tan inquietantes y rápidos de afectos para una persona que tiene vida. Eso sí, somos la perfección en complacer los pedidos de quién ya está muerto.

Un poco que somos la rana escuchando la lectura de la obra literaria, otro tanto somos el ciempiés tratando de expresar un sentimiento totalmente estúpido, solo con un propósito. No sufrir el olvido de los que nos ignoran.

En ese deslucido panorama me inquieta saber que podría suceder cuando el insecto ya esté en la panza del anfibio, y que dirá la rana cuando no tenga escapatoria de la serpiente.

Convengamos que somos parte de un ecosistema muy perfecto. Porque esa ave de colores que confió sus secretos, o sus sueños; al que decía serle fiel, tarde o temprano será devorada por la envidia de una ave carroñera que usa una remera con el símbolo de la paz.

Inevitablemente durante el tiempo que tengamos que estar en este plano nos iremos mutando en diferentes especies de animales. No es porque seamos individuos ínfimos, es nuestra propia naturaleza sentirnos tan superiores a todos; que adoptamos las semblanzas de los demás seres vivos.

Situación que muchas veces nos deja tirados sobre el suelo pidiendo que nos ayuden. Es en ese preciso momento que llega el ciempiés con sus poesías para darnos ánimos, pero sabemos fehacientemente que él será devorado por un anuro de ranas hambrientas.

Compartir
Compartir
Compartir
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *