Prisionera de la distancia.

Ella solo me pedía llorar, que mente despiadada pudiera haber causado tanto daño a esa señorita de risa irónica y de cabellos desaliñados. Ya que de un momento a otro terminó atrapada por el silencio, y con sus ojos cubiertos por un pañuelo azul.

Aunque parece una situación totalmente ajena a mí, siento que su dolor ha terminado involucrándome de algún modo, no es que sea adicto a problemas ajenos, pero me di cuenta de que las distancias muchas veces traicionan a los sentimientos de las princesas jóvenes. 

Como es muy tarde, y ella no aceptara un abrazo de madrugada, he intentado decirle algún chiste estúpido, no es mucho; pero quizás con eso sus lágrimas puedan disminuir y terminen dándole paso a un entendimiento menos cruel.

Tampoco quiero que me rebalsé mi último vaso de compasión, es por eso que no involucraré mi corazón en este caso. Demasiada colaboración estoy dándole desde alguna parte de mi alma; como para terminar con el pecho lleno de sangre por alguna inaudita promesa de encuentro.

No cerraré la puerta de lo introspectivo, aunque ella me haya dicho que soy un anciano lleno de traumas, siento que puedo brindarle una larga charla, y un par de flores mal cortadas.

Realmente no soy tan necio, tampoco un incoherente que nada le importa, solo me ha preocupado bastante la idea de que esa piba un día se manifieste de forma violenta contra de los plebeyos que prometieron amarla. 

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