Señora

La mujer estaba tirada sobre un charco de barro podrido pidiéndole perdón a la vida. No debería haber tenido más de treinta años, su cara ensangrentada mostraba el odio de un perro asesino malcriado.

Los ojos azules le pedían contemplación a Dios, o al diablo. Solo su cuerpo lleno de tajos podía descifrar que creencia era la más adecuada para esa situación.

Era en ese preciso momento que la vida me estaba mostrando lo cruel que podía ser, también podía apreciar lo simpática que suele ser la muerte en los días navideños con las almas débiles.

Siento que debo levantarla, pero los cuervos se están encargando de arrastrarla hacia un lugar que ya no moleste. A ellos les sigue conviniendo mantener ese cuerpo oculto, eso les permitirá seguir acaparando muchas monedas en sus alcancías doradas.

De pronto un silencio atroz hace que el tiempo se congele. Alguien de estatura media intenta escaparse, es casi imposible detenerlo. La velocidad con la que él se maneja le ha permitido saltar al vacío sin siquiera una bolsa de nylon que lo contenga.

Ya no estará más entre nosotros, como tampoco lo estará la muchacha de ojos azules. Veo que a muchos se les llenan los ojos de lágrimas buscando explicación para terribles situaciones. Intento abrazar a un anciano para contenerlo, pero hay una señora elegante que se asoma para por la ventanilla de un auto, la cual no me dice nada, solo me mira esbozando una sonrisa; para luego marcharse.

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1 comentario en “Señora”

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