Tiempo

Muchas arrugas en la frente y una señal de la cruz, hacían que la anciana fuera inmune a los pecados de los malhechores. Pareciera increíble que durante más de ochenta años esa simple costumbre de persignarse la mantuviera protegida.

Su pequeño reloj en la muñeca era testigo de todo eso, ni siquiera la impunidad de los corruptos habían podido contra esa noble viejita. Seguramente esa mujer debe estar fabricada de una forma totalmente extraña. Aducen los dueños de la virtualidad.

Lo que no saben esos seres de luz, es que viejecita llena de cordialidad estuvo contemplando muchos cielos, y también supo observar los mejores amaneceres junto a los pies del cerro.

Porque ella no solo cree en lo que le enseñaron, también supo comprender el llanto de un niño que necesitaba cariño, y en el pedido desorbitado de aquellas personas que padecían hambre.

No son los años lo que ella lleva cargado sobre la espalda lo que la magnífica y protege, son esas incontables muestras de cariño, lo que a ella la hace mucho más hermosa.

Esa anciana podría ser tu abuela, tu madre, o tal vez esa tía que siempre te protegía, porque el amor de esas mujeres que en estos tiempos hemos dejado olvidado, es el único sentimiento que puede hacer que logremos un cambio. Y cuando hablo de cambio, es ese movimiento que nos permite ser empáticos y agradecidos.

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