Un fin de semana de junio

Esos momentos que solíamos charlar frente a frente ya no me traen nostalgias, mucho menos arrepentimientos. Hoy en día trato de ser feliz con tus enseñanzas y con la facilidad que tenías para charlas con algún amigo.

Ya no te imagino en estrellas, ni en árboles de navidad, tampoco en ese pedazo de cielo que todo pensamos que nos merecemos.

Pareciera muy estúpido tratar de que alguien entienda esos sentimientos alocados, pero que divertido es saber que nuestras sonrisas quedaron guardadas en un viejo papel lleno de crucigramas.

Seguramente algunas viejas nos volverían a criticar porque nos parecía muy patético el perfume que dejan las personas llenas de avaricia y por esas risas maliciosas que nos causaban los que usan la ropa de color uniforme cuando te pedían “fiado”

Obviamente sé que nunca podrás leerme, por más que el rebaño diga que eso esté sucediendo. Pero lo que si es cierto es que los dos escribimos alguna poesía bastante interesante donde contábamos que el miserable siempre pierde.

Es probable que te lleve un par de flores de plásticos y alguna rosa que recién está apareciendo. Seguramente me encuentre con algunas flores de alguien que te recuerda o de alguien que siente culpa de que te quedo debiendo. Sé que todo esto no te gusta mucho, pero hay veces que me pongo más estúpido de lo normal y trato de complacer a un sistema que nos pide que seamos mejores personas algún fin de semana de junio.

Compartir
Compartir
Compartir
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *