Un nuevo día

La tristeza ha desaparecido del corazón de la mujer de grandes caderas. Ahora ella se siente libre, pero por las mañanas recuerda a su antigua pareja tomando un café hecho con excremento de ganado caprino.

Sus glorias que había conseguido en las tardes de septiembre, hoy se las está contando a un muchacho que recién conoce. Esté pretende pasar inadvertido, situación algo imposible. Ya que él lleva una remera con una inscripción que dice, «Dios está aquí», y un ramo de rosas tatuadas en el brazo izquierdo.

La charla se ha extendido tanto, que el mozo ha decidido cerrar el negocio y dedicarse a realizar un curso de elaboración de café gourmet de forma virtual. Siente que ese cóctel oscuro que le sirve a las personas hace que varias de ellas terminen confesando intimidades a cualquier ganso.

Afirmado en una pared que tiene tres números gigantes se encuentra un linyera vestido con un traje color ocre, el cual lo ha combinado con unos zapatos tacos altos de color fucsia. Su noche parece que fue esplendorosa, aún se percibe restos de vino rosado en su camisa que alguna vez fue blanca.

El hombre ha estado observando desde un principio la charla que tiene la señora desquiciada, con el cuasi irreconocible señor de las incógnitas. Por el momento ha guardado silencio, pero presiento que en cualquier momento emitirá una opinión contundente.

De un momento a otro el kiosco del, “café al paso”, ha decidido nuevamente subir sus persianas. A ese trabajador de mil noches, y de mil madrugadas se lo ve emocionado. Dice que ya encontró la fórmula mágica para mejorar su café, y que de un momento a otro será millonario.

Sin que el tiempo sea un obstáculo, ha decidido llevarles su nuevo “manjar” a la señora recientemente libre, y al hombre que muy pronto será atrapado. Ellos se han sorprendido por el sabor de esa nueva elaboración, y para acentuar esa exquisitez se están besando sin que nada les importe.

El linyera ha decidido sumarse a los festejos, se lo ve que va caminando algo rengo. No son problemas físicos, ya que veo que el taco de su zapato izquierdo se ha desclavado. Como pudo llego hasta el kiosco y abrazando a la pareja por sorpresa. Les gritó muy fuerte, “vivan las pascuas…”

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