Almas llenas de melancolía se muestran en una noche en la que los lamentos se confunden con la crítica.
El amor ha desaparecido; solo queda un vestigio de cariño tirado sobre la mesa, llena de migas.
Ni siquiera una botella verde podrá rehacer el pasado ni transformarlo en una agradable melodía.
Al paciente amo de la noche se lo ve abatido, por más que intente mostrarse lleno de coraje.
Sabe que la decadencia mental lo está absorbiendo.
Nuevamente, un hombre vestido de saco y corbata me pide dinero. Debe ser el tercero que lo hace.
Yo solo he podido mirarlos; ni siquiera puedo darle de beber algo que le mate las penas por un rato.
Me levanto. Ahora es momento de irse.
Un caniche se siente adolorido; quizás sea la vejez o mi osamenta posada sobre él.
Vuelvo a observar la luna. Ella no me dice nada.
No tiene el coraje para decirme que otra noche ha terminado.