Viernes

Es un dia algo atípico, el pelado ha comenzado a vislumbrar su final. Un par de fichas con escaso valor intentan salvar una noche trágica, entre los murmullos de aves rapaces que están suspendidas en nubes ficticias puedo observar a la señora mayor que trata de acariciar a la suerte. Son segundos aterradores para esas mentes llenas de deudas, y demasiados cómicos para aquellos que podemos percibir el olor a podrido del lugar.

A pocas cuadras de ahí veo una piba intentando escapar de una noche llena de ocupaciones, ella va cargada con un par de bolsas tratando de ocultar su cansancio con una bella sonrisa. Parece ilógico que un par de monedas la hayan depositado en ese lugar, no puedo juzgarla; de un modo u otro, también siento soy parte de un ejército de estúpidos que intentan peinar cabellos con cerdas de alambre.

Podría dormir un par de horas más y ser una persona con un carácter agradable para la gente que me rodea, pero lo veo demasiado imposible; los conejos somos bastantes inquietos para pasar demasiado tiempo en lugares que carecen de magia.

He sentido algo en el pecho, creo que haberle confesado a la señorita de lentes mi aprecio hacia su persona me hará desaparecer muy pronto de su agenda. No es que sea un adivino o el visionario del futuro, solo que ella es tan preciosa, que difícilmente se fije en un viejo payaso barrigón.

Parece algo frívolo, pero no, desde que la conocí he quedado colapsado por la belleza y dulzura de esa hermosa dama. Es probable que las señoras del residencial digan que es un metejon de adolescente y que me valore un poco más. quizás tengan razón, lo que ellas no saben, es que la señorita de lentes siempre la veo en una adorable flor, y en las noches sensibles de mis pensamientos.

Compartir
Compartir
Compartir
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *