Nadie mira las flores siempre

Mis sentimientos se subieron a una hoja que intenta escapar del invierno. No será la decisión más acertada, pero creo que de esa forma puedo mantener mi integridad emocional a resguardo. Poco importa hacia dónde vaya; con el desinterés que fluye en el ambiente, cualquier destino puede resultar atractivo.

Las flores que solía observar en aquellos días de indecisión ya no lucen igual; por el contrario, sus pétalos parecen ser violentados por una necesidad imperiosa de sentirse libres. Un problema que aún no logran resolver, ni siquiera con esa primavera alegre que pretendía abrazarlas.

Aunque intente parafrasear alguna desgastada canción de amor, ya nada será igual. Poco importa si las rubias se ponen de rodillas en agradecimiento por un nuevo día, o si las morochas celebran que el verano haya desaparecido.

Durante este ínterin, la hoja se ha alejado tanto que casi ya no la veo. Y eso, curiosamente, me produce alivio. Porque estoy aprendiendo a sonreír en soledad, a habitar entre las flores, incluso sabiendo que mañana podrían pasar desapercibidas.

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