Los ruidos que ocasionaban mis dudas comienzan a perder fuerza. No sé si serán los desvelos que tuve que sufrir o los sueños concretados los que hoy me permiten dormir un poco más.
Es mayo de 2026, mientras intento sacar las harinas de una dieta llena de deudas. Una princesa me propone que sea feliz. Sé que su intención es la mejor, pero desde hace bastante tiempo prefiero hundirme en la oscuridad para no sentir dolor. Tal vez esté equivocado, pero ¿qué tiburón no se equivocó de presa y terminó con los dientes adormecidos en algún océano convulsionado?
A mi lado hay un plato con angustia y un vaso lleno de amor. Los comensales saben que solo tienen ese menú, por lo tanto, han decidido tomarse de la mano y alzar vuelo. Qué capacidad de sincronismo tienen; quedé totalmente sorprendido al observar esa actitud.
No crean que no sé extrañar. Muchas veces he gastado demasiadas horas en hacerlo, pero desde hace unos años solo me importan las personas con el aura llena de bonitos colores. Ellas, aunque estén lejos, siempre rondan en mi mente.
Ya es hora de volver a lo cotidiano. Por unos días sentí que el final no está lejos. No le temo a los finales, solo que a veces el cuento está mal narrado y terminamos dándole valor a cosas innecesarias.
Por ahora, iré a descubrir qué otro encanto tiene la rubia. Aunque sé que ella va por otro camino, es agradable saber que hay una bonita sonrisa para admirar y un sentimiento genuino para abrazar.
Sean felices ahora. Tal vez en un rato lleguen las nubes oscuras y, seguramente, terminarán quejándose.